PASOS

julio 28, 2010

Camino Buenos Aires entre miles, entre millones, y soy solo. Fumo y fumo la ansiedad de sus balcones sin rostros, de sus baldosas desaliñadas como mis pasos. Tropiezo tantas veces como dedos tienen mis dispersiones mentales. Voy a los tumbos. Chocando gente, faroles, macetas, recuerdos vividos y recuerdos inventados. Lleno de moretones y heridas camino Buenos Aires como ayer caminé Madrid, Mar del Plata, París, Londres, Managua, Estambul y mil geografías laberínticas que el tiempo borra en minotauros de olvido. Siempre camino. No paro. No puedo parar. No quiero parar. Pero lo necesito. Estoy cansado. Cansado de mis pies con suelas embarradas en amores truncos, de mis pies alados que de puro pluma no se aferran ni a los barrios ni a las casas de quien amo, de mis pies sin destino pero destinados a girar detrás de esa luna de una sola cara, que corre y corre en cataratas  zanahorias de abrazos fugitivos.

Soy yo el que camina por tu calle y no sorprende. El que va a tu lado tangueando la tarde de tus días y no sonríe. Soy yo el ausente en un mundo de ausencia,  que dibuja presencia a la flor aroma de un vacio posible si me miraras por un segundo. El que camina sentado, durmiendo, sudando ocho horas de cafés, el que camina mágicamente por sus huesos y vísceras agoreras, el que camina por sus genitales para lanzarse trampolín a un mar de sonrisas que siempre es desierto.  Soy yo el que camina para atrás y vuelve a sonreír ante tu rostro amigo, robando  luz para dar el próximo paso de oscuridad, inevitable para los ciegos de bastones audaces. Soy yo el que camina para el costado alguna noche para tantearte en la caricia canina de quien arropa a un niño antes de dormir,  diciéndole al oído no te preocupes, todo irá bien, yo estoy aquí. Soy yo el que camina a la amistad como camina al amor, como camina a la vida. El que de tan frágil no soporta una lágrima en tu ojo y quiere robarla a toda costa con un beso, con un chiste bobo, aún bajo riesgo de morir ahogado en sal, porque destreza tengo en caminar bajo el agua útero de los inviernos estivales.

Las palabras me persiguen, me acorralan en el silencio muralla de quien piensa y solo escupe humo, en el silencio tinta que me recorre vena cuando voy hacia ti, y arteria cuando vuelvo de aquel paraíso fantasmal de coordenadas traviesas  pero seguras. Las palabras me siguen insolentes y yo camino. Camino y me violan a traición y a porfía, penetrándome el paisaje si soy ciudad,  estaqueándome las entrañas si soy cuerpo gris sobre adoquines blancos, bajo un cielo negro, en aquella esquina diana de la conciencia. Con letras ajusto mis zapatos, con letras pateo la basura de la realidad cotidiana, con letras dibujo una huella callejón con la promesa de ser huella avenida. Con letras vuelo a lo imposible de ser libre y a lo imposible de ser esclavo, a lo posible de un nombre, a lo posible de un te quiero universal brotando boca en dirección a las estrellas satélites de mis oídos.  Con letras construyo tantos puentes como botellas arrojo hacia ti.  A ti que al leerme te disfrazas de oración, haciendo de mi isla un bote de felicidad y utopía que navega sobre el mercurio de los plenos, como lo hiciera Jesús sobre las aguas.

Como iras, arpías o sirenas las palabras me perforan los sentidos.  Como sátiros gobiernan el mouse de mis pasos y me estrellan graciosas contra rostros, contra cuerpos, contra el espejo cruel de mis tantas miserias, contra el abismo maravilloso de mis sueños tentándome a saltar, y de repente bajo la más impía lluvia de algún ocaso me detienen y me aletargan en la frase inconclusa de los olvidos. Ellas ríen y yo muero. Muero temblando, no por miedo, no por frio, sino por morir caminando a la manera sublime de las hojas, que temblando encuentran el suelo del cielo y temblando vuelan al piso fértil de las hojarascas, porque después de todo ellas saben  mejor que nadie,  que mi vida no es más que una vieja hoja escrita, donde un tímido margen lleno de agujeros aún queda por rellenar con la pluma de mis pasos cada vez más cojos.

Camino, nunca dejaré de hacerlo. Camino envuelto en esta burbuja de grafismos que todo lo impregnan como una maldición divina. Soy la manzana itinerante de los besos envenenados, el zapato estrofa que olvidaste al correr por las escaleras del desamor, la carroza que no encontraste al dar las doce en el reloj de tu esperanza. Soy la sonrisa de la Gioconda y el sombrero de Nefertitis , el Escorial y todo el valle del Loire  cuando me visto de ensueños, soy transmutación y transformación permanente y perpetua. Soy tantas cosas que termino por no ser nada y sin embargo camino nada hacia ti, con mis manos repletas de jeroglíficos y mis ojos suplicando Espartaco el todo decodificador de tus ojos.  Escribo luego existo. Escribo luego soy. Escribo luego transito y recorro liana el espacio entre mi corazón y tu corazón. Escribo luego tengo el poder maravilloso de crear mundos, pero soy incapaz de inventarme hombre en este mundo que me gobierna si tú no asistes a esta nuestra cita, escrita paso a paso sobre la estela de los devenires.

Camino el drama y la comedia de los días, Camino sístole y camino diástole sobre refucilos de quereres y des quereres. Recorro palabra a palabra, letra a letra, el sendero   de la devolución  circular de la vida. Nada espero pues todo me lo has dado ya de antemano. Soy un eterno retorno de favores al mapa estelar de los pequeños gestos, a la majestuosa hazaña de lo simple y cotidiano. Debo mucho, luego escribo. Escribo y me erijo en ese punto humano por donde atraviesan y transitan todos los caminos que van a la Roma de tu nombre que es mi nombre, que es el nombre universal de lo profundo y posible. Todo está relacionado y eso nos hace únicos, tan comunes y sencillos que sorprendemos y enamoramos cuando nos sorprendemos y enamoramos de nosotros mismos. Si te digo te quiero no espero respuesta pues sueño que me quieres. Si te digo te quiero es para que te quieras a ti, para que te sepas querible, porque si  lo haces tu respuesta me llegará vestida de mandarina que es el mayor goce que tiene el infinito después del salchichón, obvio.

Camino hacia ti, escribo para ti porque al hacerlo en ti encuentro a todos y a todo; La sinfonía entrecruzada de los olores del azahar, del jazmín y del galán de noche. El ruido de la lluvia cómplice del sexo vespertino en tierras impronunciables si uno no besa primero. La estrella de la mesa copiosa de alitas de pollo que saben a pan en el infierno de la hambruna, y a ambrosia en el Olimpo del recuerdo. El beso dado y el que no. La caricia seda y la caricia abrojo.  El agua, la tierra y el fuego. El átomo y lo microscópico que todo dirige. Lo bello y lo terrible de la vida. Mi pecho noble latiendo en la cultura. Lo que soy entre todos cuando voy. El amor en las ventanas del olvido y el olvido en las ventanas del amor. En ti encuentro todo lo que debo porque todo lo que debo soy. En ti, que quizás nunca conozca pero que te encuentro inserto en mí desde que el tiempo es tiempo. En ti que eres yo, espejo universal de por medio.

Estoy cansado. Necesito parar pero no puedo. Mis pies duelen lo que duelen las injusticias, la soledad y las miserias del alma humana, las llagas del amor muerto que se niega a despertar. Mis pies duelen pero caminan, siempre caminan, alentados por tu rostro que de pura sonrisa dice ven hacia mí, que yo te daré un te quiero de alegría para que bebas de mi alma.

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