LA BUENA ESTRELLA

LA CASA
La casa.
La casa sufre.
Sufren sus paredes y escaleras.
Gimen sus ventanas y sillones.
Yo la miro, solo la miro y la transito. Soy inmune a ella. Ella, en cambio, sufre todo mi dolor.
Mi madre mira. Mi madre nada ve. mi madre gusta de mirar hacia dentro cómo hipnotizada, cómo evadida. Yo trato de mirar por sus ojos para encontrarla, trato de buscar alguna señal, algún trozo de pan que me guíe por el laberinto de su conciencia. Mi madre nada ve y gusta olvidar los detalles del encuentro. La calle sufre y yo transito por ella sin norte.
Hace tiempo que el mantel de hilo no adorna la mesa. Hace tiempo que la sonrisa no festeja las copas. Hace tiempo que la chimenea silba el tono agudo del viento. Hace tiempo que el tiempo coronó de espinas mi escalera de viejos retratos. Hace tiempo que coronó de musgo el sueño que cimentó la casa. La casa que ahora gime y susurra todo loque falta. La casa que relata, una y otra vez, todo lo que yo sé, pero que igual invento.
Mi hermana, educada para reina, está en el trono de su cama. Así lo imagino. Su puerta de misterios se presenta ante mí muy espesa. Debe llorar, me digo. La casa se retuerce en mi estómago. Clava sus aristas en mi impotencia. Mi hermana llora me digo. Mi madre gusta de mirar fuera de mis ojos. La casa sufre y yo transito. Transito con un estómago muy impotente.
Miro las palabras lentas que brotan de la boca ausente de mi madre. No las escucho. Sólo escucho la explosión de su lágrima sobre el regazo. Sobre ese regazo que fué mi reino, sobre ese regazo que fué reino de mi hermana también. Sólo escucho el grito desgarrador de ese regazo húmedo y salado. Tan húmedo y salado cómo la casa. Cómo la casa que sufre y yo transito. Cómo la casa que está muriendo indigesta y se niega, por respeto a su dios, a vomitar.
Estoy mareado, camino por la alfombra dibujando sus flores. Dibujo, cómo en un juego, las flores caídas de mi sueño. Mi hermano, inocente por pequeño, las dibuja por imitarme. La casa gime y mi hermano aprende a dibujar flores con sus pies. Con sus pies tan pequeños cómo una lágrima. Cómo las lágrimas de mi hermana. Cómo las lágrimas en el regazo. Cómo las que vierte la casa por sus canillas.
Miro a mi hermano que pregunta. Casi en silencio le respondo. “Nada”- digo- “No pasa nada”. MI boca calla, se cierra. Estoy atragantado de flores, de flores impotentes. Mi madre quiere un mate y lo pide. Mi madre se pellizca la barbilla. Mi madre está denunciando un dolor que la consume. Acudo a su rescate. Le sonrio. La casa sufre y yo trato de anestesiar su sangre. Sonrio y me recuerdo que la batalla está perdida. Igual, estoico, corro a comprar algo que endulce la tristeza. La casa se desgarra, cruje. La casa no soporta mi ausencia. Debo ser rápido me ordeno. Compro lo de siempre. Pago cómo siempre lo que imagino tres efímeras sonrisas. La casa me llama. Corro contra el viento. Sus quejidos ya espantan desde la esquina. Al llegar a su puerta respiro. Aún está. Respiro.
Mi hermana ya ha salido de su cuarto y se va rumbo a la vida. Mi hermana vive aún. Respiro.
Mi madre ha vuelto a mirar. Él ha llegado hace un instante. Ahora sonrie. Ha olvidado el mate. Ya nada importa. Ya olvidó. El olvido refresca lo mustio. Mi madre sigue su vida. Respiro.
Mi hermano me abraza y pide caramelos. Él que es más pequeño que el tiempo, es vida neta. Él vivirá me lo prometo y respiro.
La casa nunca duerme. La casa sufre y yo grabo todos sus dolores. Yo soy inmunes a ellos. La casa no resiste los mios.
Transito perdido por sus salones. Transito mareado por sus pasillos. Llevo el silencio en mis ojos. Mi estómago está lleno de flores impotentes que me hieren. Me siento mal. Muy mal.
La casa sufre. La cas, ahora, sufre terriblemente. Corro y subo mi escalera de retratos coronados por espinas.
veo mi cama. Mi cama sin madre. Mi cama de casa sin techo. Voy al baño. Lloro. Vomito. Vomito todo aquello que la casa, por respeto a su dios, no quiere escupir. Yo en cambio escupo. Escupo una y otra vez. Escupo sobre el espejo. Sobre mi cara, sobre mi vida. Sonrio irónicamente ante mi imagen desdibujada pormi saliva. Sonrio a ese espejo, a esa imagen que sé, nunca limpiará nadie. Me siento en la bañera y pienso. Pienso en la casa. En la casa que sufre. En la casa con paredes de llagas abiertas y sangrantes. Escucho la risa de mi madre. Él ha venido. Mi madre rie y me alivia. Mi hermana en el trono de sus amigos está riendo. Está riendo, así lo imagino y me gusta. Mi hermano es vida neta, pura. Él es feliz, me digo y me encanta. Y yo. Y la casa. Pienso. Pienso y lloro. Lloro y pienso. La casa sufre. La casa gime. La casa corona con espinas mi escalera y con musgo mis zapatos. Corro. Lloro. Salgo a la calle. Corro por una calle repleta de tilos. De tilos con aroma fresco que me alivian alguna tarde. Salgo y nadie lo nota. Corro por una calle repleta de tilos rumbo a un mar que me comprende. Corro hacia ese mar que me conoce y sabe. Hacia ese mar que sabe todo el ruido que le demando. Hacia ese mar que ruge fuerte ante mis lágrimas. Hacia ese mar que silencia por un instante, el atroz alarido de la casa. De la casa que me persigue. De la casa que me sentencia.
Colores.
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Azul, se despierta Dios y estornuda.
Azul, nos unta primero el cielo después el mar.
Azul, va moldeando las semillas del regreso, la melancolía
y con pesados arados, al ritmo del blus,
siembra todo aquello que promete ser tierno.
Violeta, se va despavilando y estornuda.
Violeta, se van alzando las flores
y marchan las abejas
y marchan los obreros como hormigas al trabajo.
Rojo, se erecta y estornuda.
Rojo, se enamora de la vida,
se derrama a borbotones bermellón
tiñiendo en sangre la pasión del día.
Rojo, se planta altivo
contra todo lo rojo que lo envidia.
Naranja, se redondea y estornuda.
Naranja, se calcifica y fortalece
dando vitamina al ácido irónico
que proteje todo lo tentador y dulce del alma paraíso.
Amarillo, se ensucia y estornuda.
Amarillo,mancha hepático un sol sin rayos
y desvanece con mañas e intrigas
toda certeza que pudiera dar vida.
Verda, al fin se reconoce y estornuda.
Verde, se viste con el ego de la imperdible esperanza,
regala muzgos a porfía
y no escatima esmeraldas.
¡Verde, que te quiero verde,
es Dios quien te llama!…
…Y después cuando anochece,
a la hora del secreto,
a la hora de meterse en la cama
toma a todos los hombres, uno por uno,
los mezcla, los agita,
con la intención casi tramposa
de ver a la tierra
un poquitín mas blanca o
quizás mas negra,
solo por sacudirse un instante
esa alergia gris que lo está matando.
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Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Aquí estoy,
tirado en mi cama,
enfrentando este techo
desnudo, extendido cual mapa.
Sé que estás ahí acechante sin calma,
eres única te conozco
muerte del alba.
Quizás de tantas noches,
quizás de tantas ausencias,
siento tu presencia
habitando mi alma.
Ay muerte que te conozco
no te escondas tras la almohada,
sé que ries juguetona
con jirones de mi espalda,
que ya no te alcanzan mis ojos
que ahora pretendes mi calva.
Ay muerte que te conozco,
¡Por Dios!
Ven a mi disimulada.
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Fin de etapa
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Veo que te alejas,
la oscuridad cubrirte de destellos, y yo quieto o vivo
dejo aquel centro adolescente
a merced del engaño. Del recuerdo.
Donde tus risas me bordaron,
donde tud lágrimas me tiñieron,
allí en los años nubosos de preguntas,
en el diluvio dudoso de respuestas.
Allí te vas silbando o callando. Aun no lo sé.
Pasan tus pasos que fueron tan mios
futuros e inciertos.
Es quizás en este instante
cuando tu sepelio se despliega
al ritmo de mis velas.
cuando caes, erena de mi cuerpo,
al recóndito misterio
de las cosas que no vuelven.
8/95
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Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Salgo y camino por veredas sin nombres,
sin nombre mi destino, si nombre mi pasión,
salgo y camino sin guerra ni amnisticio
todo el desquicio anónimo de un vos.
Mido paso a paso el silencio del hombre,
conquisto mil esquinas sin suerte nominal
y al fin retrucan mis labios la rutina
buscando en la memoria la dicha de nombrar.
Modulo con los charcos las primeras palabras,
balbuceo en las hojas silbidos del sol,
el viento me vibra y retumba en mi caja
mencionando la magia de aquella canción.
Salgo y camino por veredas sin nombre,
sin nombre mi plaza, sin nombre mi Dios.
Salgo y comino desplegando mi mapa
buscando el tesoro de nombrar el amor.
11/94
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Mañana.
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Quizás no será de arco iris,
tal vez ya obtuve demasiadas cosas.
Fuí tan alto, tan veloz, tan precóz…
Seguramente no será de arco iris
y mirá que imaginé
mirá que lo deseé con el alma toda.
El poder no alcanzó…
No. No va a ser de arco iris.
Igual será mio.
Lo tomo.
08/94
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El corazón dolorido.
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
No se porque locura,
No sé porque descuido,
ni en que barrio, ni en que calle,
en que instante del olvido,
solitario de tantos pasos,
hechizado por congojas,
a contramano de la lógica
te obsequié mi corazón.
Mi corazón dolorido
que es obsequio de temer,
que revalza de utopías,
que no atiende a la cordura
sino mas bien a la frescura
de todo un hombre de bien.
Cuídate amor mio,
yo sé bien lo que te digo,
que en la plazoleta del hambre
el que más sufre calambres
es el corazón dolorido,
que repleto de sentidos
está ávido de ser querido
y se muere por querer.
No lo escuches atentamente,
no le busques las razones,
que en su afán de ilusiones
pinta de mataña el cielo
y cuando escala la llanura
llama alma a la luna
para sembrar con la duda
un amor de misterio.
No te aferres a su boca,
no reniegues de tus pasos,
que un corazón cuesta abajo
cuando sube es estampida,
y en su alocada porfía
intenta cambiarlo todo
con su regla y con su amor
olvidando la armonía del pasado y el color.
No te fies amor mio,
yo se bien lo que te digo,
tenés entre tus manos
mi corazón dolorido
que en su ansiosa carrera
pretende apurar la primavera
no por verte florecido,
sino por verte florecer.
28/10/95
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Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
La cabeza me esconde
lo que el corazón suplica.
A los tumbos y mareado
como cucharita de café,
me arrastro por las calles disfrazado de ausente
buscando en los rincones
evaciones del después.
Cuando el alcohol nada puede
y nada puede el saber,
cuando no sirve lo vivido
y solo se tiene el querer,
que soledad más escasa
si ni siquiera uno es…
Hay poca noche en Buenos Aires
para rendirse en su red.
El alma gime y gime,
retruca sordamente barajas del tal vez,
y mi vieja se despliega disfrazada de conciencia
ofreciendo con sus manos la confianza mas fiel.
Desesperación absoluta. La cabeza se amilana,
el corazón cual tacuara, desgarra mi interés.
Quiero gritar y no puedo,
quiero volar y me quedo.
Aturdido me destierro al mordaz mundo porteño
por donde van los profetas predicando el no se que.
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Mentiras.
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Mienten las veredas cuando me llaman,
cuando me dicen que por allí va la vida.
Se que mienten, las he caminado todas
e igual sigo igual, quizás más cansado.
Hace tiempo ya que tanto norte
enloqueció mi brújula.
Que tanto brazo extendido,
que tanto brazo trunco,
intinidó mi timidez
esxiliándome vitaliciamente
dentro del misterio
de esta sangre que es mi tinta.
9/94
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Treinta años.
Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Todos los días de mi vida,
digamos todos los días del mundo,
vienen a ser cada vez menos
para regocijo de esa muerte
que calza justo en mi mortaja.
Agregué diez nada más
a la nada de mis veinte.
Sumé tantas lunas como soles me han quemado,
y crecí como dios manda;
Perdiendo derechos de juventud.
¡Ay vivir dando vida al mundo,
dando agua al sueño… !
Lástima que los días vienen a ser cada vez menos.
Que toda esta belleza de tinieblas,
que toda esta maraña de dudas
se esfume con mis ojos, se seque con mi sangre.
12/97
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Marzo 15, 2010 por chechoargento | Editar
Como un cordel repleto de sábanas limpias
se derrama el cielo sobre Buenos Aires.
No hay viento capaz de secarles las estrellas,
ni jabones que purifiquen su claridad.
Desde mi ventana lo acecho,
me tienta su aroma.
No es lavanda me digo. No.
Tampoco flor silvestre.
Si al menos supiera como huele la nostalgia…
05/ 95
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